La colección “Manos del Universo” nace de una idea sencilla y, a la vez,
profundamente simbólica: cada mano es una identidad en sí misma. La mano
crea, conecta y deja huella; es el puente entre el mundo interior y lo que
proyectamos hacia fuera. A partir de esta premisa, desarrollo un proceso de
creación en el que la persona se convierte en parte esencial de la obra.
Todo comienza con la silueta de la mano, un contorno único que funciona
como la arquitectura íntima de la pieza. Esta forma original, irrepetible, es la
base desde la que se desplegará la expresión personal. A partir de esa
primera huella, pido a la persona que elija un número que tenga significado
para ella. Los números han acompañado a la humanidad cómo herramientas
para ordenar la realidad, interpretar patrones y encontrar sentido;
incorporarlos en la obra introduce un elemento de lectura simbólica que
dialoga con la identidad.
El proceso continúa con la elección de un símbolo, un gesto íntimo que
cada individuo interpreta a partir de su propio universo interior. Los símbolos
condensan experiencias, deseos o creencias, y su inclusión convierte la obra
en un pequeño mapa personal.
Finalmente, la persona selecciona los colores que desea ver representados.
El color es emoción, atmósfera, intensidad; la paleta elegida define el tono de
la obra y permite que la pieza hable en el lenguaje de quien la inspira.
Con estos elementos —la silueta, el número, el símbolo y el color—
construyo una interpretación pictórica en acrílico, explorando la
composición, el ritmo y el gesto. Cada obra es el resultado de un diálogo
entre la identidad de la persona y mi mirada artística, un encuentro en el que
lo íntimo se convierte en imagen.
“Manos del Universo” es, en esencia, un archivo de historias personales
transformadas en arte: retratos no figurativos creados a partir de lo que
alguien es, de lo que cree y de lo que elige mostrar.







